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Estrategias de creación de valor a largo plazo en pequeñas empresas

En qué modo puede prevenir una valoración correcta la próxima crisis financiera

“Cortoplacismo” es un término empleado para describir un patrón de comportamiento centrado excesivamente en los resultados a corto plazo a expensas de los intereses y de la generación de valor a largo plazo. La historia nos ofrece varios ejemplos de lo que ocurre si buscas únicamente resultados a corto plazo. En 2008, cuando la fe en el mercado y en el continuo aumento de los precios de la vivienda era inagotable, los bancos prestaban dinero a la gente con unas condiciones tentadoras. Existía el convencimiento de que el mercado inmobiliario no pararía de revalorizarse. Por eso, las entidades bancarias pensaban que sus préstamos eran seguros. No obstante, al vincular una deuda de alto riesgo con valores a largo plazo y vender estos a inversores que, a su vez, compraban con dinero prestado, se creó un riesgo a largo plazo para el prestamista original: el propio banco. Cuando los compradores de las viviendas empezaron a fallar en sus pagos, el mercado inmobiliario estadounidense se vino abajo. Los préstamos perdieron todo su valor al caer el precio de la vivienda por debajo del valor hipotecado. ¿Se da cuenta de las repercusiones que tuvo aquí la ausencia de una valoración precisa?

La historia se repite…

Sin embargo, la historia tiene la costumbre de repetirse. Debería haberse aprendido esta lección de cortoplacismo a finales de los 90, o incluso a comienzos del nuevo milenio. La llamada burbuja de las “punto.com” fue también un resultado de dicho fenómeno. Bancos e inversores se olvidaron del esencial principio de creación de valor. Un parámetro fundamental dejado de lado fue el del rendimiento del capital invertido (ROIC, por sus siglas en inglés) y los factores que lo determinan. Con el ROIC se pretende dilucidar las ganancias de una empresa por causa del capital invertido en sus operaciones principales. Las grandes inversiones en compañías basadas en internet en la segunda mitad de la década de los noventa generaron la sensación de que “el ganador se lleva todo el pastel”, haciendo que los inversores emprendieran acciones cada vez más arriesgadas y especulativas. Tal era el deseo de estos de participar en todas las nuevas empresas tecnológicas de rápido crecimiento que su análisis previo era escaso o nulo, brillando también por su ausencia las valoraciones ajustadas. Finalmente se evidenció que dichas compañías web no solo no poseían esa sensacional ventaja competitiva que el mercado les atribuía, sino que se debatían por lograr un modesto ROIC. El resultado fue la burbuja tecnológica.

… y vuelve a repetirse

Otros ejemplos del completo fracaso del cortoplacismo en todo un mercado lo brindan la crisis de la deuda del oriente asiático a mediados de la década de los noventa y la catástrofe del ahorro y el crédito en Estados Unidos en los ochenta, en ambos casos como resultado de inversiones de alto riesgo destinadas a la obtención de beneficios a corto plazo. Como la historia ha demostrado en reiteradas ocasiones, el cortoplacismo puede tener un efecto destructivo para un mercado. Cuando el énfasis en los resultados rápidos se interpone en el camino de las actuaciones generadoras de valor a largo plazo, se rompe el equilibrio. Las consecuencias pueden acabar minando la credibilidad del mercado, lo que resultará en menos inversiones y, en el peor de los casos, en otro colapso financiero.

La visión a largo plazo, una carta segura

Los expertos difieren acerca de las causas del cortoplacismo. Algunos lo atribuyen a la naturaleza humana en busca de gratificación instantánea, mientras que otros ven su origen en la codicia. Independientemente del motivo, la mayoría de los analistas coinciden en que el cortoplacismo es irracional y costoso para la economía. Las reglas de la economía siempre van a prevalecer, lo que significa que una valoración sólida y precisa evitará que quede demasiado atrapado en las tendencias de mercado y en el pensamiento imperante en ese momento. Las estrategias de creación de valor a largo plazo beneficiarán a la postre tanto a su empresa como al mercado en su conjunto. Necesita generar efectivo y ganancias para crear valor. Comenzar por el crecimiento en la esperanza de generar efectivo y ganancias es mucho más arriesgado que a la inversa. Debe centrar sus esfuerzos sobre el largo plazo de una forma creíble.