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Valor empresarial a largo plazo en pequeñas empresas

¿En beneficio del mercado o de la sociedad? ¿O de ambos?

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la economía actual está empeñada en la obtención de objetivos a corto plazo. A este fenómeno se le conoce como cortoplacismo. El cortoplacismo suele girar en torno al parámetro de beneficio por acción (BPA). Uno de los motivos que explica dicho fenómeno en el hecho de que la mayoría de los accionistas de nuestros días no son individuos, sino instituciones. Aunque estos últimos siguen presentes, no están organizados y mantienen por lo general una actitud pasiva. En su lugar, el control y el poder de influencia reside casi íntegramente en los fondos de pensiones, de cobertura y mutuales. La participación de un grupo diverso de actores financieros implica por lo general una competencia sana y, por lo tanto, supone, normalmente, una fortaleza dentro de un mercado de capitales. Ahora bien, cuando la pregunta más frecuente que plantean los directivos es si una adquisición diluirá el BPA en los primeros años, entonces tenemos un problema.

Rendimiento contra medidas a corto plazo

Concentrando siempre sus esfuerzos en el BPA a corto plazo, muchas empresas pierden la oportunidad de crear valor. Se ha demostrado que el gasto discrecional en áreas como marketing, I+D y capital humano se reduce en pos de los objetivos financieros a corto plazo. Los gerentes tienden a menudo a ofrecer descuentos para impulsar las ventas de este trimestre más que del siguiente. Como el poder lo detentan en su mayor parte los distintos administradores de los fondos, la meta en última instancia será la obtención de ganancias a corto plazo. Con ello en el punto de mira, es improbable que estos inversores se interesen por el desarrollo de las políticas de la compañía o en abordar los problemas que plantean los riesgos ambientales y sociales. Sin embargo, este enfoque, a la postre, redunda en detrimento de todas las partes interesadas. El resultado es una situación que desalienta a las empresas en lo que respecta al desarrollo de productos y políticas sostenibles en beneficio de la sociedad.

Lo “sencillo” no siempre funciona

La revista McKinsey Quarterly ha afirmado que no existen pruebas empíricas que vinculen el aumento del BPA al valor creado por una transacción. De manera que, aun siendo numerosos los expertos, banqueros e inversores que coinciden en afirmar que los resultados del BPA a corto plazo no son importantes en lo que al valor respecta, ello sigue siendo un baremo común a la hora de evaluar una compañía. ¿Por qué? La respuesta parece ser “porque es sencillo”. Todo el mundo entiende el concepto BPA, lo que simplifica los intentos de demostrar sus bondades en la reunión de la junta directiva y en los distintos informes. La presión en pro de los réditos a corto plazo parece surgir en especial cuando la empresa se halla en una fase de mayor madurez y, preferentemente, si crece a base de adquisiciones. Los inversores siempre están a la caza de empresas de crecimiento rápido, que es donde se produce el choque.

Superar el círculo vicioso

¿Qué se puede hacer entonces de este círculo vicioso? Entre los factores determinantes sugeridos están los incentivos de mercado y la transparencia. Un posible incentivo de mercado sería fomentar un capital más paciente y a largo plazo a través de una tributación que disuada de una excesiva negociación de títulos o la introducción de un período mínimo de tenencia de estos. A nivel interno, las juntas directivas deben alentar a los gerentes a una toma de decisiones inteligente buscando el equilibrio entre los beneficios a corto plazo y la creación de valor a la larga. Ello no significa que el cortoplacismo no sea eficaz en ocasiones y que las iniciativas generadoras de valor no requieran a veces de mucho tiempo. No han sido creados iguales y no siempre deben contraponerse. El equilibrio entre ambos propiciará una corporación más saneada y estable. En última instancia, las empresas deben servir a la sociedad para poder crear valor. Los accionistas saldrán beneficiados con esta mentalidad, aunque tal vez no de un modo inmediato. La solución consiste en valorar el valor a largo plazo.